|
Miedo
Este lugar tiene una circunferencia de dos veces mi cuerpo. Se eleva por encima, no preciso hasta donde. Desconozco el tiempo que llevo acá. Los días pasan sin ninguna importancia. Considero día a esa luz que a duras penas entra por arriba, y se esfuma junto con el aleteo de los últimos pájaros.
No recuerdo mi nombre (si es que alguna vez tuve) o las circunstancias que me llevaron hasta acá. Tengo un cuerpo (creo); si se le pudiera llamar cuerpo a esta forma que refracta luz, y a los trapos que cubren estas laceradas carnes. Algunos días(o noches, qué diferencia cabe) mi cuerpo sufre de algún tipo de convulsión que considero movimiento. No conozco mi rostro, las manos han tratado de palpar algún vestigio en vano. No sé si los dedos carecen de sensibilidad o simplemente las facciones no existen.
El temor a morir no me deja cerrar los ojos; es por eso que no puedo precisar en que momento estoy en vigilia o en que otro soñando. Deduzco que alguien me quiere mantener vivo. A veces, cuando abro los ojos (o los cierro), aparecen inmundicias que me hacen pensar que todavía tengo mandíbula.
No es tan solitario como parece. Cuando la luz me obnubila, se escuchan voces allá afuera; he logrado distinguirlas. Puedo precisar con exactitud quién es el que habla; hay algunas que han envejecido y desaparecido. En vano he tratado de reproducir los sonidos; ignoro si es mi idioma, asumo que lo comprendo por una cuestión de tiempo. Podría gritar a voz en cuello para que perciban mis ruegos desganados.
Tal vez haya muerto. No puedo asegurar si los insectos salen de mi piel o sólo caminan por ella. ¿Será este silencio la muerte? Sin embargo, sólo es producido por mí. Todo lo demás vive, se retuerce, gime, grita. Acaso mi tarea sea darme cuenta de eso; percatarme de que todo lo demás cumpla su ciclo. Me alivia pensar que lo demás está porque estoy.
Las opciones se tergiversan hasta el infinito: Soy un rey derrocado, que los carceleros no han asesinado por miedo a alguna venganza divina. Soy un simple ladrón, olvidado por la ley. Soy alguien que quiso terminar con su vida, y cometió el error de no lograrlo, y ahora espera el momento en que la muerte se apiade de su alma. Todas las posibles hipótesis me llevan a pensar que el tiempo quedó impávido en mí. Quizá este lugar, con las descripciones de una fosa, sea intemporal.
En un tiempo pensé que a mi alrededor había otros como yo. Sentí el alivio de la soledad compartida. Escuchaba sonidos, sin articulación coherente, que venían de alguna parte. Mi desilusión anunció que los sonidos eran el eco que retumbaba en estas paredes.
Todo es una incertidumbre. He dicho que este lugar tiene una circunferencia de dos veces mi cuerpo; podría tener más, o menos, o elevarse hasta el infinito, o cambiar su diámetro todo el tiempo. Es imposible determinarlo en el estado en que estoy.
La vigilia de algunos días atrás vislumbró mi salvación. Unas protuberancias en las paredes suben hasta la superficie. No sé si siempre estuvieron allí; cómo precisarlo. Es posible que sean producto de mi locura o, también, mi locura sea producto de eso.
Tengo la esperanza de salir de esta miserable fosa, pero la desconfianza de entrar en otra. A lo mejor no tan claustrofóbica como esta, pero igual de insegura.
Podría juntar fuerzas alimentándome de todas estas inmundicias que se mueven alrededor; podría gritar, llorar, o hacer otro tipo de ruido, para que alguien me perciba; podría tratar de escalar hasta la superficie. Pero sé que no será así. Cómo saber que el sol no quemará mi piel, o que afuera han esperado por siglos para poder asesinarme, o que todo esto es una ilusión, o que esa luz es de otra fosa que contiene mi perdición.
El miedo de no saber qué hay afuera me prohíbe salir. Quedaré aquí, hasta que me olvide de estas utopías, hasta que me olvide de mí.
|